Siempre fui un amante de las buenas respuestas, especialmente las rápidas. Suelen ser puestas en duda como signo de inteligencia, ya que se dice que la brillantez no necesita ser, además, inmediata.
Igual, creo que a todos nos genera admiración alguien que dice aquello que ni siquiera se nos hubiera ocurrido en ese trágico momento posterior en el que nos lamentamos por no haber dicho, en su momento, lo que se nos acaba de ocurrir.
Transcribo un par de aquellas que suelo recordar:
1) Es sabido que Oscar Wilde era homosexual, lo cual le trajo no pocos problemas en su vida. En una fiesta, un joven quiso hacerse el gracioso y le preguntó:
- Oscar, ¿cómo se empieza a ser gay?
-Preguntando - respondió Wilde
2) Un también joven estudiante de música abordó a Mozart, ya popular en su época y le preguntó cómo se hacía para componer una sinfonía.
Mozart comenzó a enumerar: estudiá dos años de composición, tres de armonía, dos de piano, tres de violín ...
- ¡Pero Wolfgang! - dijo el joven - ¡ud. compuso su primera sinfonía con 5 años!
Y Mozart respondió - sí, pero yo no le pregunté a nadie.
3) Esta me gusta mucho y suelo usarla como ejemplo.
El gran violinista Igor Stravinsky, conocido por sus excentricidades en el escenario, estaba tocando y, al finalizar una pieza, alguien del público le gritó:
- ¡Qué bien que suena su violín!
Acto seguido, el músico puso el instrumento en el suelo y le dijo a esta persona:
- No veo que suene.