"(...)Nuestros invitados, todos parientes, eran inequívocamente contrarios a los nazis, salvo uno. Sin embargo, todos temían el final de la guerra, y todos intentaban adivinar, en medio de sus preocupaciones, lo que ocurriría en el futuro próximo, lo que traería la primavera helada, lo que sucedería en el frente y lo que los húngaros podríamos esperar en medio de aquel cataclismo.(...) Yo expresé mi opinión de que había que enfrentarse a todas las consecuencias y romper de una vez con los alemanes, y la mayoría estuvo de acuerdo conmigo,(...) excepto el pariente amigo de los nazis,(...) Cuando me enfrenté a él, me dió una respuesta inesperada y sorprendente: -¡Yo soy nacionalsocialista!- dijo a viva voz, y me señaló-Tu eres incapaz de comprenderlo porque tienes talento. Yo no tengo talento, así que necesito al nacionalsocialismo.(...) -Tu no puedes comprenderlo-repitió de manera mecánica, y se golpeó el pecho-.Ahora se trata de nosotros, de los que no tenemos talento- precisó con una extraña actitud de confesión, como el héroe de una novela rusa.-¡Esta es nuestra oportunidad!... Entonces empezamos a reírnos a a carcajadas y hablar de otras cosas." Del principio del libro ¡Tierra, Tierra! de Sándor Márai (visto en EOC).
Así funcionan los populismos. "Es nuestro turno". Una lógica básica, de resentimiento. Cansados de ver a los ricos teniendo cosas que ellos no pueden tener, ahora es su momento. Les hablan a ellos y resulta que son los héroes y los ricos son los malos, culpables de sus miserias que por fin serán castigados.
En esto es similar al cristianismo: no hay que envidiar al rico, pues el cielo será tuyo, no de él.
Por supuesto, quienes les dicen esto también son ricos y lo serán aun más gracias al apoyo ciego de sus seguidores. Pero todos ganan algo que pueden heredar a sus hijos. Unos dignidad, otros, dólares.





